Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de enero de 2009

La importancia de esas pequeñas cosas...

Su nombre era Fleming, un agricultor pobre de Inglaterra. Un día, mientras trataba de ganarse la vida para su familia, escuchó a alguien pidiendo ayuda desde un pantano cercano. Inmediatamente soltó sus herramientas y corrió hacia el pantano. Allí, enterrado hasta la cintura en el lodo negro, estaba un niño aterrorizado, gritando y luchando, tratando de liberarse del lodo. El agricultor Fleming salvó al niño de lo que pudo ser una muerte lenta y terrible. Al día siguiente, un carruaje muy pomposo llegó hasta los predios del agricultor ingles. Un noble inglés, elegantemente vestido, se bajó del vehículo y se presentó a si mismo como el padre del niño que Fleming había salvado.
- "Yo quiero recompensarlo," dijo el noble británico.
- "Usted salvó la vida de mi hijo".
- "No, yo no puedo aceptar una recompensa por lo que hice" respondió el agricultor ingles, rechazando la oferta. En ese momento el propio hijo del agricultor salió a la puerta de la casa de la familia.
- "¿Es ese su hijo?" preguntó el noble.
- "Si," repuso el agricultor lleno de orgullo.
- "Le voy a proponer un trato. Déjeme llevarme a su hijo y ofrecerle una buena educación. Si él es parecido a su padre crecerá hasta convertirse en un hombre del cual usted estará muy orgulloso". El agricultor aceptó.
Con el paso del tiempo, el hijo de Fleming el agricultor se graduó en la Escuela de Medicina de St. Mary's Hospital en Londres y se convirtió en un personaje conocido a través del mundo, el notorio Sir Alexander Fleming, el descubridor de la Penicilina.
Algunos años después, el hijo del noble ingles, cayó enfermo de pulmonía. ¿Qué lo salvó?...la Penicilina. ¿El nombre del noble inglés?...Randolph Churchill. ¿El nombre de su hijo?...Sir Winston Churchill.

sábado, 23 de agosto de 2008

Vuelta a la rutina, adios vacaciones...

Vuelta de vacaciones, vuelta a la normalidad, vuelta a la rutina. Cada cual, de la mejor manera que ha podido o ha querido, ha disfrutado de sus vacaciones estivales excepto aquel segmento de la población, cada vez más numeroso, que decide ausentarse del trabajo en el mes de Septiembre. Para los que ya estamos en nuestros lugares de origen, afrontamos el nuevo año laboral con nuevos propósitos personales que decidimos días atrás mientras damos un paseo con los pies mojados en agua salada o ascendemos el pico que nos ha recomendado un amigo para hacer senderismo. Enciendes la televisión y te encuentras con el brutal contraste del noticiario diario que detallan escabrosas historias del fatal accidente áereo de Barajas o frivolidades nasales de la nueva estética de la Princesa, los equipos de fútbol perfilan sus plantillas a la espera de su primer compromiso oficial a la vez que los JJOO reparten sus últimas medallas. Son días de reencuentro con amigos de tu ciudad natal que no has visto últimamente porque las vacaciones respectivas no coincidían en fechas, y concretas cafés alrededor de una mesa de bar para compartir cada una de las experiencias gastronómicas, lúdicas, amatorias, paisajísticas o viajeras que quedan reflejadas en la multitud de fotos que guarda la tarjeta de la cámara de fotos. Vuelve la vida real, se escapan las vacaciones hasta el año que viene y a la vez que escribo la última línea de este post empiezo a comprobar lo que es la depresión postvacacional. Feliz regreso a la rutina diaria para todos.

lunes, 21 de julio de 2008

El chiringuito de playa...

Que razón tenía George Dann cuando abordó uno de los más grandes conceptos hosteleros creados por el hombre, tan importante por accesible y hacedero para el españolito de a pie que disfruta de sus vacaciones con sombrilla, hamaca y crema solar a la orilla del mar: estoy hablando del chiringuito de playa. Un trago de cerveza helada que acompaña unas aceitunas con anchoa y unas patatas fritas de bolsa, sentado en una silla de plástico que anuncia un nuevo refresco sin gas mientras la brisa marina mitiga el calor que previamente ha enrojecido parte de tu espalda, rodeado de amigos que conversan animosamente ocultando sus ojos con gafas de sol negras y a lo lejos una hilera de sombrillas multicolor que marcan el comienzo del mar, de fondo música rítmica y a la altura de los pies, éstos se mueven lentamente realizando movimientos heterogéneos que hacen que la arena recorra y circule entre los dedos como si de un reloj de tal se tratara. Si tuviera que elaborar un "top ten" de las situaciones más placenteras y agradables de nuestra existencia, sin duda, ésta ocuparía uno de esos puestos de privilegio. La hora del aperitivo en un chiringuito de playa es una de esas sensaciones que Carlos Herrera describiría como nadie dentro de su libro "Catálogo de pequeños placeres". Desde este pequeño post, mi humilde reseña descriptiva a modo de homenaje y admiración por el personaje y por el chiringuito.

lunes, 26 de mayo de 2008

Viaje a La Alcarria...

Este pasado fin de semana tuve la oportunidad de pasar dos días en una de las capitales de provincia de Castilla La Mancha, la desconocida, Guadalajara. Experimenté mi particular Viaje a La Alcarria, novela fruto del ingenio del irrepetible novelista de ceño en constante fruncimiento, Don Camilo José Cela. El artífice de frases célebres indelebles en la memoria colectiva que en boca de otros resonarían como la grosería mayor del reino, pero que rebosa de chispa y talento cuando las dice el padronense (natural de Padrón) más famoso del país, incluso por delante del pimiento de reducidas dimensiones y extremo picor.

Quedan en nuestra memoria locuciones como:

Siendo Diputado en 1985, visitado por Morfeo mientras estaba aposentado en uno de los escaños del Congreso y ante el reclamo del Presidente, exclamó: -“No estoy dormido, estoy durmiendo”- diferencia que argumentó: -“no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo”-.

Durante un programa de televisión dirigido y presentado por Mercedes Milá, Don Camilo declaró seriamente ante las risas del público: -“Soy capaz de absorber dos litros de agua vía anal y luego volver a expulsar la misma cantidad”- a lo que añadió: -“si quiere tráigame una palangana y se lo demuestro”-. (Ver video)

Volviendo a mi viaje, decidí ir en AVE al disponer Guadalajara de estación para tal uso. Aunque ya conocía que estas instalaciones ferroviarias no se encontraban en el centro de la ciudad, cuál fue mi sorpresa cuando bajé de mi vagón de tren y me encontré con una estación desierta de gente, viajeros y personal de servicio. Apenas un guardia de seguridad en el detector de metales, una señora de la limpieza de vestido verde y una chica joven asiendo un globo a forma de bienvenida para su novio. Afortunadamente, yo también tenía un amigo esperándome a mi llegada. Siempre se agradece encontrar una cara conocida cuando llegas a una ciudad que no es la tuya, pero en esta ocasión por partida doble. La estación en cuestión carece de cualquier transporte público, ya sea taxi o autobús, que te traslade a la ciudad (9 kilómetros de distancia). Únicamente aparecía en el aparcamiento un pequeño cartel que anunciaba un teléfono para el servicio de radiotaxi. Así que ante esta perspectiva cuesta comprender las razones de la cabeza pensante que decidió poner una parada del tren de Alta Velocidad en estos terrenos. Las malas lenguas dicen que éstos pertenecen a un familiar cercano de una afamada “lideresa”, como ella misma se autodenomina.

Aps! Se me olvidaba: Felicidades a Eduardo y Raquel por su nuevo estado civil. Que seáis muy felices.