Mostrando entradas con la etiqueta Gastronomia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gastronomia. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de noviembre de 2008

Una de gallegos...

Hay dos clases de gallegos, aquellos que viajan a Argentina con raqueta en mano y se traen una triunfal ensaladera y los que residen en un región al noroeste de la península ibérica, justo encima de Portugal; ambos dos, gente de bien, gente que vale la pena. Casualidades de la vida, esta última semana he podido disfrutar de la final de la Copa Davis en tierras gallegas, más concretamente en O Grove, bonita ciudad situada en una pequeña península de Pontevedra, al lado de la Isla de La Toja y desde donde se pueden ver las Islas Cíes en el horizonte marítimo. Cuenta una leyenda que Dios descansó allí el séptimo día después de crear el mundo, de hecho, The Guardian, declaró una de sus playas, la playa de Rodas, como la mejor playa del mundo.

Empanada de mejillones, fabes con mejillones, mejillones a la vinagreta, paté de mejillones, mejillones al vapor... todo delicias del mar al servicio del paladar. El sabor del mejillón que se cría en las bateas de la ría que baña O Grove solo es comparable a la hospitalidad y amabilidad de los lugareños.

Ahí no acaba la cosa. No es mi intención dar envidia y ni pretender ser ostentoso, únicamente describir todas las virtudes de esa tierra que animo fervientemente a visitar.

Un arroz con bogavante, unas zamburiñas al ajillo, un paseo por la playa de La Lanzada, unos exquisitos centollos, unos masajes en el balneario de La Toja, unas sabrosas nécoras, una puesta de sol en el mirador de O Grove, unos fideos con rape y almejas, un churrasco a la brasa, una racion de queso en las estrechas calles de Combarro, un orujo de hierbas helado, un arroz con pulpo, una empanada de pan de maíz y berberechos, un baño en piscinas de agua marina, ración de zorza con patatas fritas, un riquísimo flan casero de queso, unas navajas a la plancha, una copa en el puerto de Sanxenxo, un chupito de licor café... pero entre todos estos grandes placeres, yo me quedo con la hospitalidad de los groveiros, grovenses o mecos.

GRACIAS A HUGO, REGINA Y FAMILIA POR DESVIVIROS PARA QUE PASÁSEMOS UNOS DÍAS INOLVIDABLES

lunes, 9 de junio de 2008

El placer de comer...

Este pasado fin de semana, por razones fortuítas que ahora no vienen al caso, tuve la posibilidad de comer en uno de los restaurantes referentes en la nueva corriente artística y creativa de la cocina española, encabezada por cocineros que todos conocemos y que últimamente andan a la greña por un problema de envidias, egocentrismos y arrogancias personales, lo cuál no es óbice para que sean seguidos y admirados por los críticos de cocina de todo el mundo.
Algunos de vosotros, seguramente, conocéis y veríais en alguna ocasión un programa de televisión que llevaba por título: "Todos contra el chef". El cocinero que protagonizaba y a la vez competía en arducias culinarias con los concursantes era Darío Barrio, famoso chef que regenta el Restaurante Dassa Bassa que visité este fin de semana. Allí, me percaté de lo fascinante que pueden llegar a ser el sentir un menú elaborado por este tipo de genios de los fogones. Creo acertar al utilizar el verbo sentir, ya que en estas ocasiones una comida es un cúmulo de sensaciones percibidas a través de cada uno de los 5 sentidos, donde las papilas gustativas son otro instrumento más a utilizar para disfrutar en plenitud de este viaje por el arte de comer. Equivocamos las prioridades al ir a este tipo de restaurante si nuestra intención es saciar las necesidades más primarias del estómago, para ese tipo de grastronomía es preferible acudir a otro tipo de hostelería de plato basto y guiso de cuchara, respetable, delicioso y estupendo, pero para otras ocasiones. Desafortunadamente, disfrutar del arte de estos afamados cocineros no está socializado y al alcance de todos los bolsillos, al menos el poder acudir de una manera frecuente, sin embargo, es un capricho que a muchos de nosotros nos encanta colmar cuando la ocasión lo merece.

Seguramente habrá muchos detractores en el papel de clientes de esta corriente creativa, sobretodo por su alto poder adquisitvo exigido, pero como en todas las actividades artísticas resulta imposible gustar a todo el mundo, no obstante esto no nos puede cegar el orgullo de disfrutar en nuestro país de una generación de cocineros que marcan las tendencias culinarias del mundo entero.