lunes, 9 de junio de 2008

El placer de comer...

Este pasado fin de semana, por razones fortuítas que ahora no vienen al caso, tuve la posibilidad de comer en uno de los restaurantes referentes en la nueva corriente artística y creativa de la cocina española, encabezada por cocineros que todos conocemos y que últimamente andan a la greña por un problema de envidias, egocentrismos y arrogancias personales, lo cuál no es óbice para que sean seguidos y admirados por los críticos de cocina de todo el mundo.
Algunos de vosotros, seguramente, conocéis y veríais en alguna ocasión un programa de televisión que llevaba por título: "Todos contra el chef". El cocinero que protagonizaba y a la vez competía en arducias culinarias con los concursantes era Darío Barrio, famoso chef que regenta el Restaurante Dassa Bassa que visité este fin de semana. Allí, me percaté de lo fascinante que pueden llegar a ser el sentir un menú elaborado por este tipo de genios de los fogones. Creo acertar al utilizar el verbo sentir, ya que en estas ocasiones una comida es un cúmulo de sensaciones percibidas a través de cada uno de los 5 sentidos, donde las papilas gustativas son otro instrumento más a utilizar para disfrutar en plenitud de este viaje por el arte de comer. Equivocamos las prioridades al ir a este tipo de restaurante si nuestra intención es saciar las necesidades más primarias del estómago, para ese tipo de grastronomía es preferible acudir a otro tipo de hostelería de plato basto y guiso de cuchara, respetable, delicioso y estupendo, pero para otras ocasiones. Desafortunadamente, disfrutar del arte de estos afamados cocineros no está socializado y al alcance de todos los bolsillos, al menos el poder acudir de una manera frecuente, sin embargo, es un capricho que a muchos de nosotros nos encanta colmar cuando la ocasión lo merece.

Seguramente habrá muchos detractores en el papel de clientes de esta corriente creativa, sobretodo por su alto poder adquisitvo exigido, pero como en todas las actividades artísticas resulta imposible gustar a todo el mundo, no obstante esto no nos puede cegar el orgullo de disfrutar en nuestro país de una generación de cocineros que marcan las tendencias culinarias del mundo entero.

2 comentarios:

Edu-gm dijo...

Jaja despues de ver como nos tirabamos a por la mortadela por ahorrar costes ahora te dejas los cacahuitos en degustaciones de gourmet.

Yo opino y seguire opinando que es un vende humos, que para comer bien no se necesita pagar 50€. Y no es necesario tirar de puchero como dices para saciarte, que el menu del dia deja espacio para la imaginacion y siempre suele ir bien servido.

Es lo mismo que tener un Picasso en casa, que si que es un Picasso, pero Pepito Perez tambien pinta muy bien y el cuadro es bonito.

Si tienes bolsillo y te lo puedes permitir adelante, pero que por poner dos croquetas y una ramita de perejil haciendo equilibrios sobre el plato se pueda cobrar mas no me parece de recibo.

David dijo...

No se puede relacionar este tipo de restaurantes con el apetito, el hambre, la gula... más bien se asemeja más a un espectáculo artístico. yo lo equipararía más a ir al teatro, a una corrida de toros, a una pinacoteca... en definitiva, mas cercano a disfrutar de una corriente artística.

Por cierto, hay por el norte de Europa un restaurante que tiene por nombre "El Sangría" que no ponen mortadela precisamente.